COLECCIÓN DE CERÁMICA DEL IES BERNALDO DE QUIRÓS

La tradición asturiana y la artesanía tienen también su representación en el museo. Las piezas que forman parte de la colección de cerámica provienen de los cuatro alfares más representativos de la región: Faro, Miranda, Vega de Poja y Llamas del Mouro. Su enorme importancia no viene dada solamente por el valor patrimonial de la misma, sino también por lo que ésta supone como ayuda a la lectura de los diferentes sustratos históricos y socioculturales y al mantenimiento de técnicas y estilos endémicos. Algunos de los objetos fueron comprados en Madrid, aunque la gran mayoría se obtuvieron directamente en los talleres artesanos. El desconocimiento hizo que, en casos contados, se adquiriesen obras de otros rincones del país. Hoy en día dichos ejemplos nos resultan útiles para poder localizar e ilustrar lazos comunes con otros estilos de la península. La falta de estudios serios y determinantes sobre nuestra cerámica no debe de resultar óbice para su justa valoración dada su enorme relevancia.



Mapa de Asturias
Distribución geográfica y áreas de influencia de los cuatro alfares más representativos de la región


A través de las numerosas piezas que componen la colección es posible reconstruir la historia de la cultura y la economía asturiana desde hace más de dos milenios. Las formas tradicionales nos hablan de sus funciones, adaptadas, como es de rigor, a las necesidades y características de la orografía y el clima, de los quehaceres de una sociedad basada en los trabajos del campo o en la matanza. Sus modelos, por increíble que parezca, se repiten sin apenas variaciones a lo largo de los siglos. A diferencia de la cerámica mediterránea, de raíces griegas, fenicias y cartaginesas, la de nuestra región bebe directamente de la tradición indoeuropea siendo posible encontrar parentescos directos con culturas tan lejanas en el tiempo y en el espacio como pueda ser la persa.


Los métodos y técnicas de producción tampoco han variado hasta nuestros días. Un claro ejemplo lo tenemos en Faro, donde se ha seguido utilizando hasta mediado el pasado siglo la rueda baja, de limitada producción, pese a que el torno de pie se conocía con anterioridad a la propia romanización. La oxidación del hierro y del manganeso hace que en el proceso de cocción las piezas se oscurezcan adquiriendo una textura tosca que recuerda a las arcillas refractarias o a la terracota. El resto de cerámicas negras se obtienen también de pastas encarnadas o rojizas y tienen parentescos con otras del norte peninsular, desde Soria hasta Portugal. El método es el siguiente: tras una primera cocción o cochura, que aporta al barro la consabida dureza, se lleva a cabo otro segundo calentamiento por el método llamado de reducción. En él se cubren las piezas con tapines y materiales de difícil combustión y se tapa el tiro de la chimenea del horno elevando a altas temperaturas el interior durante tres días. Una vez consumido el oxígeno, el humo deja poco a poco de tiznar la superficie y pasa a formar parte de la materia.




1faro Faro 1.  Cerámica de Faro en dos de sus versiones más conocidas, la blanca de esmaltado estannífero con decoración verde, amarilla y anaranjada y la negra. En ellas se hace constar la soberbia factura del taller de Selito

2Miranda
Mouro 2. Piezas de los alfares de Miranda y de Llamas del Mouro
3Vega 3. La cerámica de El Rayu llegó a hacerse un hueco en el mercado de porcelana europea de la época.



    La decoración más antigua que ha seguido reproduciéndose es la geométrica. Mediante incisiones grabadas o estampadas en el barro se refuerzan zonas estratégicas de las piezas, se las dota de cierto simbolismo, se busca la mera decoración o se imitan las labores de otros tipos de artesanías como pueda ser el caso de la calderería. Con la llegada de la cultura musulmana aparece la cerámica esmaltada, generalmente con baño estannífero de color blanco en el fondo, y junto a ella una decoración polícroma que, en lugar de sustituir a la geométrica, convivirá con ella enriqueciéndola. Las formas decorativas hablan de creencias provenientes del principio de los tiempos, que han sido repetidas por maestros artesanos, aunque parezca mentira, conscientes de lo que tales elementos suponían para el mantenimiento de los rasgos culturales diferenciales. Así, la llegada del cristianismo no ha podido borrar muchos de los modelos de creencias politeístas de tradición indoeuropea anteriores y con los que de alguna u otra manera nos seguimos sintiendo afectivamente identificados, como lo son la adoración del sol, del agua, de las fuerzas de la naturaleza en general y de la fertilidad y la femineidad en sus versiones más asombrosas.



Conejo Serpiente    A la izquierda un curioso conejo gaitero de tipología medieval que se encuentra recogido, entre otros, en el Libro de la Regla Colorada de la catedral de Oviedo. A la derecha, la llamada "Páxara" es un motivo decorativo que se repite en la cerámica de Faro. Se trata de un ser alado con cabeza de ave de pico abierto y cola de pez. Según las versiones tiene cola de vaca o garras de ave. Su abdomen abultado nos la muestra como un símbolo claro de fecundidad.


    La cerámica de Faro, pueblo cercano a Oviedo, es la más antigua de todas. Es tremendamente original dentro del contexto nacional y matriz de las otras tres. Los estudios de Suárez Saro, en la década de los ochenta, han remontado su actividad alfarera a los siglos X-XI, aunque su producción es con seguridad mucho anterior. El Marqués de la Ensenada llegó a censar en esta localidad alrededor de 70 alfares a mediados del XVIII. Este estilo llegó a extenderse por el resto de talleres del centro y del oriente de nuestra geografía. La cerámica de Faro no se ajusta a un solo patrón aunque en rigor deben destacarse dos de sus estilos. Por un lado tenemos una cerámica negra de gran belleza y solemnidad con rasgos metálicos, casi plateados, dado su alto contenido en sílice. En su otra versión hablamos de un barro rojizo que adquiere, a partir del siglo XIII, un característico color blanco debido a un baño de esmalte. Sobre él se dibujan admirables formas con líneas de grosor variable combinando el verde cobre y el amarillo antimonio principalmente.



Faro 7 Faro 4
Faro5
Varios de los modelos cerámicos de Faro (Oviedo)



La actividad alfarera de la localidad avilesina de Miranda también tiene más de diez siglos de historia. Pese a ello la documentación escrita solo es abundante a partir del siglo XVII. Su mercado llegó a copar todo el occidente. La primera fábrica de cerámica de la región apareció aquí en 1871 siguiendo el método Bristol. La cerámica de Miranda suele adquirir su color negro mate mediane el mencionado proceso de reducción. Con seguridad, alrededor del siglo XIX, algún artesano mirandés emigró hacia el interior afincándose en la localidad de Llamas del Mouro, concejo de Cangas del Narcea. A excepción del artesano de Faro José Vega es en esta villa canguesa donde perviven los últimos vestigios de esta labor. No en vano es la más conocida y la única comercializada actualmente en el Principado. Su color negro suele ser mucho más uniforme que el de Miranda y a él se le añade una decoración simple, generalmente geométrica, mediante incisiones o bruñida con la llamada piedra de mar.




Miranda1 Mouro1
Cerámica de Miranda (Avilés) Cerámica de Llamas del Mouro (Cangas del Narcea)



La colección se resentiría un tanto si no contase al menos con algunas piezas del otro gran estilo local, la cerámica de Vega de Poja, también conocida como de El Rayu. A principios del XVIII la familia Cónsul, procedente del Delfinado francés, crea una fábrica de loza en esta localidad del concejo de Siero que llegará a competir en fama y calidad con otras de gran renombre europeo como la de Talavera. La fábrica cerrará en 1926 aunque la producción continuará durante un tiempo en talleres de ámbito familiar para acabar dispersándose y, finalmente, desapareciendo. Las piezas de este estilo son complicadas de encontrar. Se trata de útiles de uso diario que, a pesar de sus imperfecciones y achaques, no dejan a nadie sin asombro gracias a su soberbio acabado estannífero, el tono azul de su decoración, sus motivo y la calidad de su ejecución. Nos encontramos, en realidad, ante un trabajo preindustrial a mitad de camino entre la loza y el alfar. Poja
Cerámica de El Rayu

El museo ha tratado de dar relevancia a la labor del alfarero y denunciar la situación actual de la cerámica tradicional de la región. Pese a ello asistimos a la desesperada lucha del último artesano de Faro, José Vega "Selito", por la pervivencia de un saber hacer milenario al que las autoridades desgraciadamente parecen no estar suficientemente sensibilizadas. Tratando de romper el estigma de la funcionalidad de los objetos cerámicos y de la tradición alfarera, el Grupo de Patrimonio del Centro ha abierto una brecha incluyendo por primera vez dentro de sus exposiciones temporales una muestra de cerámica contemporánea. La exposición cerámica de la artista plástica Charo Cimas, mostrada en paralelo a la de los cuatro alfares asturianos, ha sido un intento por dignificar y hacer revivir la historia de lo que somos y de la que formamos parte. Una historia abierta cuyo final se encuentra aún por escribir.



Charo Selito
Exposiciones de cerámica. A la izquierda la limpieza y purismo de Charo Cimas; a la derecha la tradición e historia del alfar de Faro; debajo, Selito examina detenidamente las piezas de uno de sus numerosos hornos.





Selito