Ayer domingo, a las siete de la tarde, mientras fuera el calor parecía decidido a derretir hasta las ideas, el auditorio de la Casa de Cultura de Mieres se convirtió en el mejor refugio posible. Y no solo por el aire acondicionado —que se agradeció muchísimo y seguramente hizo que más de uno alabara dos veces la decisión de salir de casa—, sino por el magnífico rato que regaló el grupo del taller de teatro del IBQ con su representación de Miles Gloriosus.
Subirse a un escenario ya tiene mérito; hacerlo con la alegría, la entrega y la naturalidad que demostraron estos chicos y chicas tiene todavía más. El alumnado del centro, bajo la dirección escénica de las profesoras Olga Copado y Ana Joana Urrutia, que han sabido sacar brillo a cada personaje y a cada momento, derrochó profesionalidad y, sobre todo, muchísimo buen rollo. Se notaba el trabajo detrás, sí, pero también las ganas de disfrutar y hacer disfrutar, que es algo que no se ensaya: se transmite.
Y vaya si lo consiguieron. Compañeros, familiares, profesorado y público en general respondieron a la cita y compartieron una tarde llena de risas, guiños y momentos divertidísimos. Porque el teatro tiene esa pequeña magia: durante un rato hace olvidar el reloj, el calor y las preocupaciones. Y ayer lo hizo con matrícula de honor.
Da gusto ver cómo un proyecto así reúne talento, esfuerzo y compañerismo sobre las tablas. Más allá de los aplausos finales —merecidísimos— quedaba esa sensación tan agradable de haber pasado un rato estupendo y de salir con una sonrisa puesta.
En definitiva: un plan redondo. Teatro, risas, aire fresquito y mucho talento joven. Difícil pedir más para una tarde de domingo en Mieres.